A MIS AMORES LES PIDO PERDÓN

por | Sep 2, 2024 | Reflexión | 2 Comentarios

Llega un momento de lucidez en el que una se ve reflejada en el espejo de la realidad actual, esa que es efímera porque dura la esencia del presente; pero me da la posibilidad de mirarme sin filtros, tal cual estoy ahora, en este instante. Tras atravesar el tiempo y el espacio de toda una vida. Ese tiempo en otro plano inexistente y en este fugaz, me muestra toda mi evolución, tan larga y a la vez suscinta, como un abrir y cerrar de ojos.

Y es ahí, tras el agradecimiento por el camino recorrido, cuando surge la necesidad de disculparse de las formas, de los modos, de las maneras, de lo que se dice y de lo que se calla. De tomar consciencia de aquellas zonas luminosas y otras tantas más oscuras que nos envuelve preso el corazón.

Pido perdón por huir cuando el dolor me atravesaba la carne, sin decir adiós, sin dar una explicación, sin darle al otro la opción de la réplica, la comprensión o tan solo la palabra. Bloqueaba la comunicación y sin mirar atrás, dejaba ardiendo las llamas y las cenizas consumidas a mi paso.

Pido perdón porque el miedo a exponerme, entregarme, sufrir y perder, me hacía disponer de una cómoda distancia de fría seguridad. En el absurdo juego del cazador cazado. Persiguiendo una presa, hasta lograrlo y una vez conseguido, ya no tenía interés, lo había perdido por completo.

Pido perdón por no haberme expresado de una forma más clara, de marcar los límites de forma asertiva, en vez de ir restando puntos invisibles del marcador del amor, sin ponerlos sobre la mesa del diálogo, hasta llegar a cero y cuando eso sucedía, unilateralmente se había acabado la partida aunque el otro hubiera cogido nuevas fichas.

Pido perdón por haber amado demasiado, entendiendo esa forma pasional de amar en la que todo o nada es la única opción; con la intensidad de una tempestad sin control, sin medida, porque presumíamos orgullosos de que era la única forma de hacerlo. Confundiendo la vehemencia alocada con la verdadera naturaleza del amor.

Pido perdón a aquellos que nunca supieron que era lo que yo quería, tengo que confesar que tampoco yo lo sabía. No era su culpa, sin embargo compartía la responsabilidad de mi felicidad o de mi vacío. Buscaba incesantemente a un hombre fuerte que me sostuviera y abrazara en mis malos momentos, hasta que me di cuenta que la fuerte era yo, la búsqueda estaba errada.

Pido perdón por romper las historias de cuentos de hadas, dejando claro que no quería ser un personaje de fantasía para nadie, las expectativas de las necesidades del otro son casi imposibles de cumplir. Y aún así yo también proyectaba esas necesidades en el otro, le convertía en quien no era, y lo que era peor, quien nunca podría llegar a ser.

Por eso aquí y ahora, sin culpas, ni culpables, sin rencores ni rencillas, sin arrepentimientos ni deudas, porque todo fue perfecto, y cada uno de nosotros era la mejor versión de si mismo en aquel momento, pido perdon por todo el daño que haya podido causar consciente e inconsciente. He evolucionado de la niña herida, rebelde con o sin causa, a la adolescente distante, borde, a la joven buscándose para encontrarse en este mundo y a la madura que por fin confía, acepta, fluye y sonríe.

De igual manera, yo también perdono todo el daño que me hayan podido hacer consciente o inconscientemente. No hay errores, solo lecciones. El pasado nos ayudará a todos y cada uno de nosotros a sembrar nuevas semillas que nos permitirán hacer las cosas desde otro lugar.

Es necesario vaciarse de las emociones del ayer, sobre todo aquellas que se puedan estancarse y encontrar cobijo en el resentimiento o en la tristeza. No debemos aferrarnos a ese tipo de sentimientos. Estamos de paso, somo seres de luz emitiendo amor, la realidad depende de nosotros, los pensamientos que producimos se muestran en nuestra vida. No hemos venido a juzgar, sino a amar, a ayudarnos los unos a los otros.

Cada relación que ha pasado por nuestras vidas tiene un sentido, una finalidad, una nueva lección que ir integrando en el gran caminar de la vida, y en el infinito discurrir del alma. El amor es sin lugar a dudas, el doctorado de la gestión de las emociones. Por eso siempre hay que estar dispuestos a enamorarnos una y otra vez, una y mil veces. Negarnos a amar es morir en vida.

Y según soy consciente de la trayectoria de mi corazón, tras todos y cada uno de mis pasos en el amor, lo que veo que ha cambiado es que ahora me quiero yo, me veo, me acepto, me siento cómoda en mi soledad, me siento agusto en compañía, me regalo el reconocimiento, me premio, me divierto y me respeto. Antes no lo hacía, no sabía hacerlo, por eso la calidad del amor que podía entregar era limitada.

Gracias a todos vosotros que habéis formado parte de mi plan de vida. Sois grandes impulsores de mi crecimiento. Qué hermoso ver el punto de partida y hasta donde puedo llegar. Que gran aliada es la experiencia, nunca me he sentido tan mujer como ahora con estos años a mis espaldas, conocedora de que aún tengo muchísimo que vivir y mucho amor que experimentar.

Somos amor, pero aquí en este planeta azul venimos a sentir y aprender lo que es amar.

Como decía Oscar Wilde sobre el amor «Sino tardas mucho, te espero toda la vida».

 

2 Comentarios

  1. Precioso, Poppi.
    Me veo tan reflejada!

    Responder
    • Lo bueno es que podamos verlo Maria. Y que podamos cambiar las cosas de ahora en adelante. Abrazo enorme para ti.

      Responder

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