BUSCANDO EL CENTRO

por | Sep 24, 2025 | Reflexión | 0 Comentarios

Resulta fascinante la red de conexiones que este universo grandioso y exacto es capaz de activar con precisión, casi con arte, sincronías, casualidades, coincidencias, dejavu, causalidades, destino….

A medida que vamos despertando es como si tuviéramos acceso a un escalón de consciencia en la que nos damos cuenta de que nos relaciona al mismo nivel o superior con otros seres, eventos, circunstancias, encuentros o desencuentros. Y según vamos ampliando esa consciencia vamos subiendo en espiral ascendente a nuevos escalones o a diferentes líneas de transición con sus propios brillos.

Visualizo un gran teatrillo multicolor y multidimensional en el que las diminutas figuras ocupamos un espacio y nos relacionamos con otras de una forma naturalmente exacta. Lo absolutamente maravilloso es que ese teatrillo coexiste con otros tantos en diferentes planos y dimensiones. Presente, pasado y futuro son una sola cosa.

Todos formamos planes de vida interrelacionados unos con otros. Están vivos, actualizándose constantemente, cambiando, girando, añadiendo nuevos protagonistas, nuevos decorados, nuevas comedias y viejos dramas.

Cobra sentido el porqué fuimos a tal lugar, o aceptamos tal trabajo, que nos puso en contacto con otros tantos seres y que al cabo de los años, reaparecen y abren nuevas posibilidades, todo encaja, todo accidentalmente está casi destinado. Porque cada uno de todos nosotros tiene la libertad de cambiar, de elegir, de virar de camino. O de elegir otra obra que nos guste mas o nos resulte más fácil de interpretar.

Antes o después cada uno de nosotros nos hemos dado cuenta de nuestra mortalidad, porque en las constantes huellas de nuestros pasos hemos ido despidiendonos de seres queridos, se han ido desprendiendo del camino de la vida. Les hemos dicho adiós. La mortalidad de los otros nos enfrenta con la nuestra. Pero en vez de explorarla en nuestro corazón, miramos fuera. Huimos despavoridos apegándonos a los otros o entregándonos a cualquier causa posible, la que sea que nos mantenga entretenidos.

Vivimos en un extraño modo de posesión, con una vehemencia por tener y tener y tener y tener más si cabe. Y en ese tener y tener, se nos va pasando la vida, realmente no tenemos nada, nada nos pertenece, nada es capaz de llenar el vacío; tan solo colecciones de cosas materiales que el simple hecho de poseer tiene la facultad de hacerle perder su valor.

Creemos que las posesiones, caprichos, objetos, etc pueden darnos esa exaltación de dicha, sin embargo nos convierte en esclavos del consumismo, reduciéndonos a la insatisfacción periódica y sistemática. Porque nos damos cuenta que la vida pasa, hagamos lo que hagamos pasa, sin detenerse y hasta que no hagamos nuestro trabajo de reconexión con nosotros mismos nos mantendremos perdidos.

Si conseguimos darnos cuenta del brillo que emitimos y dejamos de ver los grandes focos del escenario, o las lentejuelas ajenas, ahí podemos tomar esa consciencia de entender mucho más allá, de ser capaces de mirar y ver, de escuchar y oír, de sentir que tras el latido de nuestro corazón está viva nuestra alma. Volver a nuestro centro, a nuestra esencia, a nuestro ser.

 

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