SIEMPRE PODEMOS ELEGIR

por | Sep 17, 2024 | Reflexión | 0 Comentarios

 

Podemos elegir, siempre podemos elegir.

Cada vez que abrimos nuestros ojos y observamos lo que nos rodea, podemos elegir.

Cada vez que ponemos un pie en el suelo, comenzando un nuevo día, podemos elegir.

Cada vez que abrimos la boca para expresar algo, podemos elegir.

Cada vez que en vez de reaccionar, respiramos la calma, podemos elegir.

Nunca podremos anticipar lo que puede pasarnos, tan solo podemos elegir como gestionarlo.

Habrá momentos en los que la vida nos sorprende con grandes alegrías, con el estallido de un nuevo enamoramiento en el pecho y en el estómago. Algo con lo que no contábamos, que nos cambia absolutamente el brillo de los ojos, nos llena de ilusión, de frescor, de emociones intensas. Vemos el mundo con la inocencia de la tierna infancia y la locura del adolescente, desbordantes de alegría. Somos capaces de ser la mejor versión de nosotros mismos, el amor del otro nos mejora y nosotros también le “hacemos” mejor. Ahí podemos elegir cómo sentirlo, cuidarlo día a día, amar y ser amados.

Habrá otros momentos en los que la vida nos agita de una forma más violenta, con el aviso de una enfermedad propia o ajena que nos detiene en seco y nos invita a reestablecer la base de nuestro sistema de valores y de prioridades. Nos permite ver la fugacidad de la existencia, la realidad de que no controlamos absolutamente nada, y que la vida y la muerte están presentes siempre, en constante actividad. Ahí podemos elegir, cómo vivirlo, desde dónde vivirlo, cómo permitir que cada paso nos conduzca a la maestría para alcanzar el siguiente nivel.

Habrá otros momentos en los que la vida nos echa de donde estamos. Nos despiden de ese trabajo que ya no nos aportaba pero que nos ofrecía era rancia seguridad, del que nos quejábamos constantemente pero ahora que estamos fuera nos da pánico, sentimos el frío, la incomodidad, la incertidumbre, nos sentimos perdidos fuera de la rutina, expulsados a la fuerza de la zona amable de confort. Ahí podemos elegir dónde posicionarnos si en el miedo de la pérdida o en la esperanza ante la oportunidad de algo nuevo.

Habrá otros momentos que nos aleja de personas con quienes ya no debemos estar. Esa pareja que se rompe en pedazos; incluso de un día para otro, cada vez las urgencias para la resintonización espiritual son mayores. Te acuestas siendo dos y te levantas solo. En el simple de los casos te han dejado o en el más complejo, has sido tú quien ha roto la relación, con toda el manejo emocional que puede implicar. Ahí podemos elegir, desde la honestidad, desde esa comunicación asertiva, empática y amorosa diciendo adiós con agradecimiento a alguien que ha formado parte de nuestra vida, incluso aunque nos cueste reconocerle. La evolución es mutua, tu eliges en qué dirección crecer.

Podemos vivir la vida como víctimas, echando la culpa a quienes nos han rodeado, nos rodean y nos rodearán, de todos nuestros males, hasta incluso aquellos que ni siquiera sabemos que tenemos, sin asumir nuestra responsabilidad en los actos o en las consecuencias, sin tener la valentía y la osadía de mirar dentro de nosotros.

Podemos vivir la vida como elefantes, que irrumpen en los lugares y arrasan con todo, sin contemplaciones, porque somos incapaces de sanar las heridas que no queremos atender, tal vez porque tememos, en lo más profundo de nuestro ser, que si las vemos, esas heridas nos devorarán.

Podemos elegir vivir la vida desde el niño, mirando hacia los padres, llamando la atención, sintiéndonos perdidos en el juego de la vida. Eso sí, saltando charcos y buscando hadas en los bosques. Huyendo de una realidad demasiado pesada, profundamente extenuante.

Podemos elegir vivir desde el resentimiento, mirando siempre en la dirección del ayer fija en algún «fracaso»,  que ha marcado con el orgullo herido el resto de nuestro rumbo, que por miedo a sufrir, por miedo a mostrarnos vulnerables, cerramos nuestro corazón para siempre o casi.

Sin embargo, podemos vivir también desde la consciencia, entendiendo que he elegido yo esta vida, estos aprendizajes, que si no me doy cuenta la primera vez, se irán repitiendo hasta que pase pantalla, una y otra vez, todas las veces que sean necesarias.

Que he venido aquí a expandir el amor, a hacer crecer la luz, a contagiar la alegría, a recordar que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana.

Que no nos dejamos arrastrar por la ilusión del drama, del miedo, de la culpa, del dolor. Que no hay errores, solo lecciones.

 Que no existe el tu o el yo o los otros, que no hay separación, que todos somos uno y que cada uno de nosotros forma parte de ese gran todo.

Que hemos venido acompañados de nuestras familias álmicas y otros seres de luz que nos cuidan y nos ayudan a completar cada capítulo del gran libro de esta vida.

Que no existe la suerte o la desgracia, ni experiencias mejores o peores, ni somos malos o buenos, que todo, absolutamente todo es amor, dependiendo del nivel de vibración lo iremos integrando. Todo es mágicamente perfecto. Todo es perfectamente mágico.

Somos seres de luz expandiendo el amor en todas las direcciones.

Yo elijo el amor.

¿Qué eliges tú?

 

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