DEJANDO DE JUZGAR

por | Sep 7, 2021 | Reflexión | 0 Comentarios

«Vivir desde el corazón». La teoría la tenemos muy clara. Somos conscientes de esa frase, la herencia y energía crística que nos alumbró ese amor, esa manera de amar, de entender y de sentir. Y se nos llena la boca expresando que hay que vivir desde el corazón y pasar mente y emociones a través de ese corazón. Esto ultimo ya se nos hace un poco más cuesta arriba. No terminamos de encontrar esa entrada ni mucho menos esa salida.

Sin embargo, somos muchos los que creemos que estamos aquí y ahora, en este momento de la existencia humana, para encontrar la llave que nos facilita vivir desde el corazón, para amar desde el corazón y para observar todo cuanto nos rodea desde el corazón. Si hacemos eso, o al menos lo intentamos no podemos posicionarnos en la razón, en la verdad, en la superioridad. Dicho de otra manera, no podemos posicionarnos en el juicio.

Vivimos estresando las polaridades, si bien el Covid nos ha traído un despertar profundo también, si no estamos anclados en nuestro centro, nos confronta constantemente con el miedo. Y cuando hay miedo no fluye el amor, cerramos de inmediato el corazón. Nos colocamos en posición de defensa y de ataque. Cerramos pues los ojos, los oídos y el entendimiento.

Posiblemente seré un poco naif, pero no quiero escuchar que unos son buenos y otros son malos. No quiero oír que unos son borregos y otros son asesinos. Me niego a elegir a mis amigos por el tipo de virus que se han inoculado o no. No creo en el bien ni en el mal. No resueno para nada con hordas de luz y de sombra, de arcontes y de demonios. Detrás de esas definiciones está el miedo. Y ante la duda, elijo sembrar el amor.

Cada uno que viva con su sintonía, con su vibración, con su propia evolución; ante todo y sobre todo el respeto debe prevalecer como única vía de comunicación. Permitamos que cada cual decida cómo y cuándo y de qué manera dar sus pasos. E incluso detenerse y descansar. E incluso más aún, dar la vuelta.

Ninguno de nosotros conocemos el plan de ruta del otro, si ni siquiera conocemos el propio, no podemos permitimos juzgar a los demás. No somos sus guías, sus dioses, sus creadores, ni sus gurús para cuestionar lo que hacen o decidir qué es lo mejor para ellos. No en el nombre del amor; eso no es amor, eso es control, manipulación y ego.

Vivir desde el corazón es convertirnos en esa energía de la gran madre desde el amor incondicional. Si miramos a los demás como si fueran nuestros hijos, ¿seríamos tan críticos con ellos?. Creo más bien que nos abriríamos a la ternura, a la compresión, a la tolerancia, a la flexibilidad, a la mirada compasiva y empática. En cuanto nos consideramos poseedores de la verdad, la estamos perdiendo.

No hay verdades, no hay juicios, no hay polaridades, no hay bandos, no hay verdad y mentira, no existe el bien ni el mal. Todo es amor. Todo es luz. Todo es transformación. Cada uno está en su momento perfecto de evolución. Cada uno vibra en su frecuencia perfecta. Y cada frecuencia está ahí para nuestro propio beneficio.

Elige qué quieres escuchar, qué medios de información te llegan, qué lees, dónde te mueves, qué personas te rodean, qué quieres creer, qué quieres cambiar, porque todo eso forma parte de tu vibración. Trata de conectar con quienes te sientas afín, y con los que no, no les juzgues, podrán vibrar por encima, por debajo, da igual. Es su camino, no el tuyo.

Mira la vida que te rodea, entiende todas las señales que te están ayudando a crecer, a ti directamente, estas aquí para aportar tu luz, tu sonrisa, tu amor, tu fuerza. Para sumar en la construcción de un mundo más consciente. Y si no sabemos como sumar, ponemos la intención de enviar luz y amor, no de cambiar los acontecimientos, ya que están para algo, tienen una finalidad, sean catástrofes o milagros.

No te olvides que todo esto no es más que ilusión. Si quieres que algo cambie, cambia tú. Según está tu mente, está tu vida. Porque tus pensamientos son acciones. Que sea el corazón quien lidere el centro de mando. El mundo necesita tu luz. Necesita la fuerza del amor, capaz de disipar los miedos.

Despégate de las emociones y observa desde la neutralidad. Que seas tú el que piensa por si mismo, que nadie te imponga su ley o su forma de ver la vida. Observa y déjate sentir, que la intuición sea tu brújula, déjate llevar donde te guie tu corazón. Por que ahí estará tu hogar y en él tu paz. Y cuando alcances la paz, habrás encontrado el secreto de la felicidad.

Que la luz y amor incondicional broten a borbotones desde tu corazón.

 

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