DESPERTÉ

por | Nov 27, 2020 | Metafísica | 0 Comentarios

Desperté, cuando dejé de obsesionarme por alcanzar metas y comencé a relajarme disfrutando del sabor de cada pisada.

Desperté, cuando en vez de pelearme por el control de mi vida, entendí que sólo podía abrir el corazón de par en par y entregarme, rendirme a la comprensión de lo intangible, de lo sutil, segura de que pase lo que pase, todo está bien, todo es perfecto.

Desperté, cuando conquisté momentos de paz en mi vida, relativizando las guerras, las frustraciones, las negativas y los cambios de rumbo. Porque cada experiencia nace para que algo necesario muera. Entre la muerte y el nacimiento se crea el aprendizaje y  con él, la evolución.

Desperté, cuando aprendí que si mis deseos no se cumplían era un regalo. Ése, simplemente, no era el camino adecuado para mi, y algo más grande, con el nombre que le quieras dar, lo apartaba dulcemente.

Desperté, cuando el camino que si era el adecuado, no solo surgía de la nada, sino que me empujaba hacía él de forma irremediable, con naturalidad, con sencillez.

Desperté, cuando tomé consciencia de que a pesar de lo muchísimo que aún me queda por integrar, agradezco el punto de partida y reconozco el trabajo realizado que me ha traído hasta el ahora.

Desperté, cuando dejé de tratarme mal y comencé a cuidarme, a amarme tal cual soy, a disfrutar de mi compañía, a ser mi mejor cómplice y amiga.

Desperté, cuando se me agotaron las etiquetas y los juicios hacia los otros y con las manos vacías me di cuenta que no había diferencia entre ellos y yo, que éramos uno, cada uno viviendo desde sus propios zapatos.

Desperté, cuando acepté mis miedos porque con ellos aparecieron las fortalezas para hacerles frente.

Desperté cuando dejé de mirar atrás, cuando dejé de proyectar ensoñaciones hacia adelante y abrí los ojos al presente descubriendo el hermoso mundo que me rodea.

Desperté, cuando dejé de quejarme por lo que no conseguía y me sentí bendecida valorando lo mucho que tengo.

Desperté, cuando me di cuenta que el ronroneo de un gato tiene la capacidad de transportarme, cuando siento la vida explotar en mi interior al rozar un cuarzo, cuando percibo que estoy conectada con la naturaleza como cualquier otro ser, sea humano, animal, vegetal o mineral. No importa el qué, importa el latido azul brillante iluminándonos al unísono.

Desperté, cuando comencé a caminar empujada por una fuerza interior, certera e intuitiva. Descubrí el sonido de mi voz guiándome incluso aunque no tenga sentido, ni entienda en el momento los porqués, siempre acierta.

Desperté cuando me atreví a confiar en la vida desde el amor.

Desperté, cuando conseguí entender que para despertar sólo hay que abrir los ojos, respirar y dejarte sentir; cesé de buscar fuera, aspirar incienso y coleccionar títulos.

Desperté cuando dejé de mirar a la vida con los ojos de una niña culpando a los demás y me di cuenta que todo dependía de mi, de responsabilizarme de mi misma.

Desperté cuando admití por igual mi parte divina, mi parte humana, mis partes oscuras y mis partes de luz.

Desperté, cuando dejé de poner la energía haciendo planes y permití que fueran los planes los que vinieran hacia mi.

Desperté, cuando pude entender que estar dormida o despierta solo implica una elección, libre, consciente, perfecta. Que no define nada, ni mejor, ni peor, sólo significa adentrarse en una senda u otra.

Desperté, cuando me di cuenta que el eco sonoro de la alegría es lo que inunda de luz mi corazón.

Desperté, cuando me di permiso para decir “lo siento”, cuando desde el corazón expresé “gracias”, cuando con la mente grité “me perdono y te perdono” y cuando mis brazos abiertos de par en par abrazan y susurran “Te amo”.

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