FELIZ VUELTA A CASA

por | Dic 17, 2023 | Reflexión | 0 Comentarios

Mi desarrollo espiritual ha sido gradual a través de un despertar temprano y dedicación constante a lo largo de mi vida, sin embargo la labor de pasadora de almas apareció intensamente de un día para otro. Como todos los buscadores, sentí fascinación por la muerte desde que era una niña. La primera vez que tuve contacto con un alma desencarnada fue porque una persona muy sensible me dijo que tenía una presencia en casa, la podía sentir pero no podía contactar con ella. Como sabía que yo era psíquica me llamó y me pidió que le ayudara.

Contacté con ese lugar y busqué a esa presencia y nos encontramos. Estaba asustada y perdida, me explicaba que no quería haber muerto, que aún tenía muchas cosas pendientes que realizar en esta vida. Había cosas que no había sabido como gestionar y ahora creía tener las respuestas. Estaba apegada a uno de sus hijos.

De forma intuitiva sé lo que tengo que hacer. Me acerqué amorosamente a ella y le expliqué que ya no podía volver a su cuerpo, que esta vida ya había finalizado y que cuando estuviera preparada debía cruzar al otro plano para ir integrando todo lo vivido con sus seres de luz y sus guías. Es ella quien debe decidir.

Al principio no quería escucharme, poco a poco fue soltando su frustración, especialmente su miedo y fue perdiendo resistencia. Le dije si necesitaba ayuda y me dijo que sí. La reconecté con su ser superior y llame a su guía para que se fuera acercando a ella. Al sentir aún frio en su corazón la toqué y en ese momento todo su ser se iluminó, como una cerilla y cambió de forma, de color y de vibración.

En ese momento su guía contactó con ella y los tres fuimos acercándonos a una gran luz que apareció a lo lejos, el paisaje en su caso era un gran montaña luminosa que se elevaba a gran altura, flotábamos en esa montaba mientras ascendíamos y a medida que ascendíamos su luz era más y más grande, cuando llegamos a un gran altura ya no era una montaña, sino un espacio lleno de luz blanca e infinito, allí aparecieron otros seres de luz a acompañarla, ella cada vez estaba más brillante y más llena de un amor inconmensurable.

Avanzamos hasta un punto en el que yo me despedí de ella y le deseé un feliz regreso a casa. Con la felicidad y alegría que sentía, me miró y me dio las gracias. Esa felicidad, ese amor, esa enorme paz inundó completamente mi corazón.

Ella se fue a la luz, yo me quedé agradecida y bendecida por esa experiencia. Tome consciencia que ese era un viejo camino de acompañamiento, ayuda y una amorosa luz. Me di cuenta que ni había sido la primera vez que lo había hecho, ni sería la última.

He guiado a conocidos, a desconocidos, a seres que ya habían fallecido, a seres que aún no lo habían hecho pero que lo necesitaban porque estaban agonizando terminales en los hospitales para poder desprenderse, a seres que siguen vivos pero que necesitaban conocer el camino para desencarnar cuando les tocara. Muchas experiencias sentidas y otras tantas aún por experimentar.

Con diferentes escenarios, visiones, espacios, pero con la misma sensación de vuelta a casa, de vivir una emoción que me sigue llenando los los ojos de lagrimas de felicidad, de dar fe que una vez que conectan con la luz, ya no quieren volver.

Entendí que podía habitar ambos mundos y que podía facilitar a los vivos y a los muertos la comprensión de que cuando llegue nuestro momento el amor profundo, el maravilloso hogar espiritual al que pertenecemos nos espera.

Que allí no existe ni el tiempo, ni el espacio, que cuando se produce la muerte física nosotros ya hemos conectado con nuestros seres de luz allá y que jamás morimos solos. Y también que cuando nos enrocamos en los apegos de la vida, siempre hay muchas almas, al igual que yo, que estamos sosteniendo un gran neón luminoso para que vengan en busca de ayuda y así encontrar el camino de vuelta.

Debemos reaprender un nuevo concepto de la muerte, aceptarla, amarla, comprenderla y abrir las mentes para entender que hemos venido a esta escuela de experimentación, para aprender, vivir en la ilusión de la vida, sentir como humanos, gestionar las emociones, ser felices y sembrar una semillita de amor y luz en este mundo. Que cada uno de nosotros pueda dejar un sendero amoroso de consciencia para que otros puedan caminar por él.

Entender que nacemos ciegos y vamos recobrando la vista a lo largo de la vida si así lo elegimos cada día. Y que estamos muy bien acompañados, nutridos y cuidados por nuestros guías, maestros y seres de luz. Cuando necesites ayuda, pídesela. No hay infierno ni cielo a la carta. No hay castigos, ni juicios. Hay equidad, balance. Hay un hermoso lugar de paz, de armonía, de amor.

Yo tarde años en aceptar la muerte de mi abuela y sin embargo ahora siento a mis seres de luz cerca, muy presentes cuando los necesito. La muerte no existe como tal, es un cambio de consciencia. Tan solo nuestra esencia se desprende de nuestro cuerpo físico, nos quitamos la ropa para quedarnos desnudos y volver a ser libres.

Debemos permitir a nuestros seres queridos que puedan morir en paz, darles el permiso para irse, ayudarles en ese proceso. Entender que su vida aquí, en ese cuerpo, termina, pero ellos no desaparecen. Obviamente no será fácil desapegarse físicamente de ellos, gestionaremos ese duelo, no desde el drama, sino desde la consciencia y el agradecimiento. No es un final, es un continuar.

Cada ser psíquico tendrá su manera de ayudarles, e incluso cada uno de nosotros tenemos una forma de reinterpretar lo que vemos o vivimos. Lo que importa es que desdramaticemos la muerte y que sea una parte mucho más natural de la vida.

Las sensaciones en el otro plano son tan intensas, tan hermosas y tan llenas de paz, que cuesta acotarlas en unas simples palabras. Nos deberían dejar la máxima paz posible aquí para los que seguimos aún encarnados, al menos de momento, diciendo hasta pronto a nuestros seres queridos, deseándoles el más feliz de los viajes de regreso a hogar.

Todos somos luz, aquí la llevamos dentro del corazón, la mostramos a través de los ojos, pero allá nos convertimos en radiancia, en frecuencia lumínica, en luz más allá de la luz.

¡Celebro tu nacimiento y celebro y honro tu muerte!. Gracias por tu aportación a la vida. Feliz vuelta a casa.

 

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