Una se da cuenta que los años pasan cuando es su hija la que le orquesta una cita a ciegas, no sus amigas o amigos, ni siquiera su madre, sino su descendiente. Podría ser tildado casi de un acto antinatural. No obstante, en ese fluir de la vida, también es comprensible que de las dos, la tenía una vida social más «rica» era la hija, Causalmente uno de sus jefes estaba divorciado, era divertido, alegre y atractivo. Le parecía ideal para su madre.
El evento social abierto a las familias y amigos que se hacía cada año, era el momento perfecto para esa cita. Él sabía las virtudes de ella, ella sabía las cualidades de él, ¿qué podían perder?.
A ella le acompañaba esa seguridad que dan los años, irónicamente no se basa en un físico perfecto, sino en una actitud de estar encantada con ella misma y de saber lo que ya no quiere. A él ese colchón de ego del nuevo soltero en el ruedo y con dinero que había estrenado un año atrás al divorciarse.
Cuando les presentó ambos se miraron con una cálida sonrisa de cortesía, no sintieron una atracción fatal, ni mucho menos, tampoco la necesidad de salir corriendo. Estuvieron hablando, riendo, desvelando aquello que podía salir a la luz. Ella tenía una actitud más distante, él era más natural, podía tocarle el brazo como parte de su discurso sin que ello fuera una declaración de amor o de intenciones.
Realmente él buscaba una mujer más joven, los amigos le animaban a salir a salir con chicas de 30, más diversión, menos compromiso, más frescura y menos pérdida de energía intentando impresionar. Así que estaba apuntado a diferentes aplicaciones de citas, con numerosas notificaciones que le hacían sentir un triunfador sentimental en búsqueda de equilibrar la energía sexual no resuelta en los años de matrimonio.
Ella por su parte, buscar no buscaba, ya que en su camino de buscar fuera, se había encontrado dentro y se sentía muy cómoda disfrutando de su libertad, fuera cierto o una excusa para no exponerse. Si bien, estaba abierta a encontrar un hombre maduro para construir, compartir, conversar. Un hombre con un trabajo personal, no sólo experiencia vital, sino una evolución y crecimiento consciente. Alguien diferente de las relaciones insanas e insatisfactorias del pasado.
Tras esa primera cita, con buen sabor de boca. No hubo movimientos. Había estado bien, pero no había movilizado nada más, podría estar abierta a nuevas posibilidades, siempre y cuando esas posibilidades implicaran acción. Y esa acción no se dió. La hija insistía en que fuera ella la que diera un paso hacia delante, que él merecía la pena, pero ella no cedió, al final conquistar la coherencia había sido una victoria que llegó tarde en su vida. El interés no se busca, no se fuerza ni mucho menos se pelea por conseguir.
Dos años más tarde volvieron a coincidir en la fiesta de la empresa, él ya estaba prejubilado y le acompañaba una mujer madura de sonrisa amable. Ya se había cansado de «pagar caprichos» por compañía, de gestionar relojes biológicos desesperados en busca de un padre, de jugar al preadolescente con canas. Ya le aburría la noche, las fiestas, la superficialidad y los excesos. Y había conocido una compañera divorciada con hijos independizados que le había devuelto a una cotidianidad real y amorosa.
Ella por su parte llegó con un hombre joven de mirada limpia. Pese a las inseguridades y dudas iniciales, él, 15 más joven, había desarmado por completo las barreras y los miedos de su corazón. Él no era un hombre corriente, desde muy joven convivió con un cáncer muy agresivo, años de quimio, de hospitales, de miedo, de soledad, de aislamiento, le habían convertido en alguien que sabía a ciencia cierta que cada día era un regalo, único y extraordinario. Se refugió en la meditación y en la espiritualidad y creció desde ahí dándole sentido a su vida.
Cuando los cuatro se presentaron surgió una extraña y familiar sensación. Y fue creciendo una relación de amistad entre ellos fuerte y auténtica. Una amistad libre, respetuosa, honesta, equilibrada en el dar y el recibir, en el comunicar y el escuchar. En el estar disponible y estar sostenido. Humana. Fue como un reencuentro de almas que se reconocieron familia y unieron sus corazones y sus caminos.
Puede resultar irónico lo que uno desea y lo que uno obtiene, la vida es ese paseo fugaz y sorprendente que cuando confiamos en ella nos va llevando dulcemente al destino que hemos proyectado. Tal vez ese destino no sea el que hemos soñado en nuestro ideario, en parte porque es limitado por nuestra experiencia, pero sin duda alguna es el que necesitamos y será el que en nuestro fuero interno culmina nuestros verdaderos deseos.
¿Desde donde estamos pidiendo? ahí está la clave. ¿Qué creencias, miedos, roles toman el control? Somos los únicos protagonistas de nuestra vida, no es un destino caprichoso, o un Dios que nos dirige, o una espiritualidad que hace con nosotros lo que quiere. Somos nosotros los creadores de nuestra realidad, y los responsables de ella.
El camino del corazón es un maravilloso viaje personal e intransferible al centro de nuestra consciencia, que está contenida dentro de la consciencia universal. Es abrir los brazos y sentir la explosión de la energía del amor en el pecho. Solo puedes vivirlo, no puede ser explicado.

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