PERMÍTEME SOÑAR

por | Oct 2, 2025 | Reflexión | 0 Comentarios

Devuélveme las palabras que no se llegan a pronunciar. Las conversaciones incómodas que liberan esos viejos patrones de la hipocresía y la esquiva sinceridad. ¿Dónde está ese «lo siento, perdóname, me importas, gracias, te amo»? ¿Dónde está «no me encuentro bien, te necesito, ayúdame»? ¿Dónde está «mis sentimientos no son los mismos que los tuyos, cómo me siento, cómo te sientes, cómo nos sentimos juntos o por separado»? ¿Dónde está ese «sí» a la vida y ese «no, no quiero»?

Rocíame de las emociones que no nos permitimos expresar. ¿Dónde están esas lágrimas que contenemos para que no broten y no desborden?. ¿Dónde están esas risas que no dejamos que rompan el silencio y contagien?. ¿Somos capaces de sentir, de explicar cómo nos estamos sintiendo e incluso de entender nosotros mismos qué nos está pasando y porqué?

Muéstrame ese miedo que se engrandece mientras nos encogemos como niños pequeños y nos escondemos, en el lugar más sombrío de la casa. ¿Dónde están las excusas, las justificaciones, la cobardía en un extremo y la inconsciencia en el otro? ¿Dónde está la puerta de emergencia para salir disparados y huir hacia delante sin mirar como esos temores van creciendo y corren tras nuestros pasos?

Dibújame los anhelos a los que no permitimos cobrar vida. Se quedan a medias por expresar, por sentir, por desear, por querer en nuestro futuro, en nuestro presente. ¿En qué momento o instante de toda nuestra vida hemos perdido las ilusiones, hemos dejado escapar entre los dedos de las manos la capacidad de creer en los sueños, nos hemos desconectado del arte de soñar, por no decir que hemos olvidado el poder de crear?.

Hemos dejado morir lentamente a nuestro inocente y crédulo niño interior, también hemos perdido en el camino a nuestro adolescente revolucionario e idealista, y lo que tenemos frente a nosotros son adultos desconectados de sí mismos, oscilando entre la queja y la culpa, el hastío y el vacío, buscando fuera lo que grita a voces desde nuestro interior.

Permíteme soñar que todo es posible, que soy quien elige cada día como afronto la vida, que soy la única responsable de las consecuencias de mis actos, que puedo cambiarlo todo cuando quiera, que mi mente tan solo es el lienzo en blanco para dibujar mi mejor sueño con el pincel guiado por el corazón. Porque la vida es un sueño y cada insignificante fantasía forma parte de la gran esencia de vivir.

Recuperemos la magia, la ensoñación, la ilusión, las hadas, los duendes, los magos, los chamanes, las sacerdotisas y los ángeles. Recuperemos la alegría que nace en la fuente de la luz, donde habita lo sublime.

Alimentemos la imaginación rompiendo en mil pedazos las fronteras de la mente. Todo está bien. Todo es perfecto. Todo es posible. Todo es amor. Cuantos más años cumplamos más cerca estaremos de sentir la pureza, de volver a convertirnos de nuevo en chiquillos.

 

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